Ventanas principales al sur en latitudes templadas capturan radiación baja de invierno, mientras aleros calculados por ángulo solar veraniego bloquean excesos. En laderas orientadas al este, desayunar con luz suave ahorra iluminación artificial. Superficies interiores de tono medio reflejan sin deslumbrar. En terrazas mediterráneas, celosías móviles afinan sombras. La clave es medir, simular y prototipar sobre el sitio, observando recorridos de luz estacionales antes de fijar geometrías definitivas y detalles constructivos.
Ubicar aberturas opuestas a distintas alturas crea barridos de aire eficaces. Una chimenea solar, oscura y alta, aspira el aire caliente, renovando ambientes sin ruido mecánico. Los patios aportan frescor por evaporación y permiten vivir al aire libre incluso en horas duras. En montaña, compuertas controlan entradas frías durante noches despejadas. Mosquiteras, filtros de polvo y celosías protegen calidad interior. Medir diferencias de presión por viento local guía colocación y tamaño de huecos.
Pantallas vegetales, muros bajos y barandales cerrados mitigan ventiscas y corrientes de retorno en pasarelas elevadas. En costas, alejar la vegetación sensible del frente marino y usar especies halófitas en primera línea reduce estrés salino. Drenajes sobredimensionados previenen placas de hielo en accesos. Tapajuntas, vierteaguas y gárgolas generosas resuelven encuentros críticos. Mallas anti‑granizo temporales protegen huertos y lucernarios. Este cuidado permite disfrutar exterior seguro cuando el clima decide ponerse serio.